Quería compartir con vosotras/os un fragmento que encontré en internet, un resumen de mi pequeña historia desde el punto de vista de quien me metió en este mundito. A las que lo habéis practicado alguna vez u os dedicáis a ello sabréis perfectamente de que os hablo, ahí va:
Así que un día inscribes a tu niña de 3 años a una clase de ballet. Principalmente lo haces para tener 2 horas libres a la semana y aprovechar que salga un poco más cansada de clase y esté tranquila por el resto del día, pero eso no es lo que va a pasar….
Ella sale de su clase y regresa a bailar por toda la casa. Agita un par de mascadas en el aire, corre de puntitas y empieza a dar vueltas con las manos sobre la cabeza, preguntándote toooooodos los días ¿hoy toca ballet?
Sin darte cuenta lo siguiente es escucharte quejándote de tener que manejar 2 o 3 veces por semana a la academia, que el ensayo en el teatro fue más tarde de lo esperado (y entre semana!), el tiempo que tarda tu hija en cambiarse cuando a ti te urge pasar a la ferretería antes de que cierren. Y ni siquiera empecemos con los gastos! Las clases, el ensayo, el vestuario, el maquillaje, las puntas, zapatos de carácter, punteras, mallas, puntas, cintas, faldas, puntas, calentadores, boletos para el teatro, ¿mencioné las puntas?
Te empiezas a preocupar porque va cada vez más días a la academia, las clases son más largas, ha tenido que ir algunos sábados, hace la tarea en el coche, sale corriendo de la escuela para irse a clase, en verano sólo espera el curso intensivo y ahora solo habla en términos extraños en francés.

